Son las encargadas del memorial de Santa Clara, donde descansan los restos del Che. “El objetivo de nuestro museo es divulgar su obra y su pensamiento”,

23.06.2009 – Fuente: www.criticadigital.com.ar
En la Argentina. Viajaron para firmar un convenio con La Pastera, un pequeño museo en San Martín de los Andes.
Nadie que se cruce en la calle con las cubanas Ismary Fernández Sáenz o Veneranda García Hernández se arriesgaría a decir que trabajan de custodios. Sin embargo, ambas mujeres son las principales encargadas de velar por la memoria de Ernesto Che Guevara en el Conjunto Escultórico Memorial de Santa Clara, donde descansan los restos del líder revolucionario.
“El objetivo de nuestro museo es divulgar la obra y el pensamiento del Che”, sintetiza García Hernández, directora del memorial. Bajo esa premisa, llegó a la Argentina junto con la principal especialista de su institución para firmar un convenio de cooperación mutua con La Pastera, un pequeño museo que la Asociación de Trabajadores del Estado emplazó hace un año en un viejo refugio del Parque Nacional Lanín, en San Martín de los Andes. Allí Ernesto Guevara y su amigo, Alberto Granados, durmieron en enero de 1952 cuando ya habían comenzado su mítico viaje en motocicleta por Latinoamérica. “Nosotras vamos a los lugares más intrincados y llevamos sus escritos, sus pensamientos, para que el Che no sea sólo la imagen de una remera”, explica García Hernández.

El Conjunto Escultórico Comandante Ernesto Che Guevara que dirige García Hernández cuenta con tres secciones: una plaza de 17.000 metros cuadrados llena de simbolismos y homenajes, un museo, y el memorial donde descansan los restos de 31 guerrilleros asesinados en 1967 en La Higuera, Bolivia.
El museo muestra 22 vitrinas que permiten recorrer la infancia del Che, su adolescencia, su paso por Nicaragua y México, su participación en la Revolución Cubana y sus incursiones en el Congo y Bolivia. Entre las 83 piezas exhibidas pueden apreciarse el reloj que le regaló a su padre cuando se consumó la revolución, un ejemplar de la revista de rugby Tackle en la que escribía con el seudónimo de Chancho, la libreta en la que anotaba las palabras imprescindibles que debía aprender para su expedición al Congo y el microscopio y la bata de médico que usó mientras estudiaba, con un bordado azul sobre su bolsillo superior que dice Ernesto Guevara de la Serna.
También hay 92 fotografías, entre ellas una que muestra al líder revolucionario con lentes, prótesis dentales y su cabellera depilada: se había camuflado para ir a Bolivia y ni sus propios subordinados lo reconocieron. Pero lo más sorprendente no es la imagen sino quien cuenta la historia: Luis Monteagudo Arteaga, más conocido como Angalía, uno de los soldados que Guevara comandó en el Congo.

El complejo fue inaugurado el 28 de diciembre de 1988, cuando Cuba celebró el trigésimo aniversario de la batalla de Santa Clara, la que sentenció el final del gobierno de Fulgencio Batista y el comienzo del gobierno revolucionario. “La memoria es lo que nos hace fuertes. Nunca fuimos un país rico, pero el conocimiento de nuestra historia es lo que nos mantuvo unidos ante la adversidad. Siempre sentimos orgullo de la rebeldía de nuestro de pueblo”, subraya Fernández Sáenz.
Para construir el memorial, en poco más de un año, la población local aportó más de 450 mil horas de trabajo comunitario. No obstante, el sitio cobró un valor exponencial casi una década después, a partir del 7 de octubre de 1997, cuando los restos del Che fueron depositados allí. “Ese día –recuerda la directora del museo–, aunque ya habían pasado 30 años, lloró todo Cuba”.
El lugar se convirtió en un atractivo turístico, pero también en una especie de santuario donde personas de todo el mundo realizan tributos: cartas, pulseras y hasta camisetas de Rosario Central. La primera en dejar una flor fue Chichina Ferreira, quien fuera su primera novia.
–¿El museo busca alimentar el mito o humanizar su figura?
–Para nosotros el Che no es un mito, es una realidad, un hombre de carne y hueso asesinado a los 39 años. Un hombre adelantado a su época, tanto en cuestiones éticas, filosóficas como económicas. Para Cuba el Che no es la utopía, es la verdad.